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¿Cómo se han adaptado los proyectos de alto impacto a la pandemia?




Diseñar e implementar proyectos enfocados en las personas no es una tarea fácil, requiere tener una mirada amplia para reflexionar y entender todos los entornos junto a sus problemáticas. A partir del confinamiento social, en marzo del 2020, como consecuencia de la pandemia mundial muchas empresas sociales tuvieron que enfrentar grandes desafíos a nivel interno y externo.


Estos cambios requerían una nueva forma de pensar el trabajo con las comunidades o grupos sociales. Por un lado, era necesario pensar en las necesidades e intereses de los grupos participantes de los diferentes proyectos sociales en un contexto de pandemia (Vas, 2020). Por otro lado, reflexionar sobre las herramientas individuales y colectivas con las que disponían los equipos encargados de implementar un proyecto.


De esta manera, ante el confinamiento social obligatorio y la suspensión de muchas actividades, muchas empresas que trabajan con diversas comunidades debieron adaptar su modus operandi a un sistema virtual, que creemos, vino para quedarse.


La virtualidad ha sido una herramienta esencial en las intervenciones de carácter social y ha desafiado a las empresas sociales a rediseñar sus proyectos y metodologías, pensadas en una nueva realidad y en las nuevas necesidades de los usuarios.


Desde Retarte, como empresa de innovación social, asumimos la tarea de desarrollar nuestros proyectos de manera virtual aprovechando el uso de la tecnología y sorteando los desafíos que esta implica. Fue fundamental ser resilientes a un nuevo escenario y creativos para generar nuevas herramientas que también vayan acorde a los diversos grupos. Poner a los sujetos en primer plano nos permitió entender sus necesidades y ser flexibles al cambio.


El reto principal fue la implementación de una metodología novedosa que facilite el logro de los objetivos de cada proyecto con los grupos participantes, que en muchas ocasiones presentaban dificultades de acceso tecnológico.

De este modo, se tuvo que rediseñar algunas actividades que exigieron del equipo ejecutor toda la creatividad para que las nuevas propuestas se adapten a la virtualidad sin perder el enfoque ni la esencia que las caracterizaba a cuando eran desarrolladas de manera presencial.


Resiliencia y adaptabilidad



En primer lugar, aprovechamos el uso de las múltiples herramientas virtuales como: plataformas de videollamada como zoom y google meet, pero también usamos mucho las diversas redes sociales, enfocándonos más en aquellas a las que nuestro público tenía acceso, como WhatsApp o Facebook.


Como empresa que apuesta por las conexiones humanas, el contacto y la escucha, fue imperativo mantener la participación e interacción de los grupos participantes. Para ello, fueron fundamentales las redes


de confianza que establecimos previo a la pandemia con las diversas comunidades, así mantuvimos el contacto ya sea vía telefónica o a través de redes sociales con los participantes o personas que tuvieran llegada a ellos (padres, vecinos, etc).


Un ejemplo de esta rápida adaptación es el caso de uno de nuestros proyectos bandera: “Mi cole, mi hogar”, proyecto que se viene llevando a cabo hace más de 3 años y que tiene el objetivo de impactar en la comunidad educativa de los colegios Nuestra Señora de Guadalupe y Maria Reiche en El Callao, teniendo un foco principal en los niños y niñas de 3ro, 4to, 5to y 6to de primaria.


Este proyecto, viene desarrollando diversas habilidades blandas en los pequeños, a partir de la reapropiación de sus espacios, desarrollando el cuidado hacia sí mismos, sus compañeros/as, su comunidad y el planeta que habitamos.


Para adaptar el programa a un formato digital, fue fundamental incorporar de manera transversal herramientas lúdicas, innovadoras y creativas que lleguen a las y los alumnos a través de ejercicios digitales. Se los hacíamos llegar directamente a través de sus teléfonos celulares o los de sus papás. El uso del clown, del juego y del aprender haciendo fueron fundamentales para traspasar las barreras que nos imponían las pantallas. De esta forma, los participantes fueron sensibilizados en el tema del cuidado de nuestro entorno y la aplicación de prácticas sostenibles; pero también fuimos desarrollando en conjunto habilidades para la vida, como la resiliencia, la iniciativa, el liderazgo, la empatía, la resolución de conflictos y el trabajo en equipo.


A partir de esta exitosa experiencia, en la que la participación de las y los participantes fue muy proactiva y se llegaron a cumplir los objetivos; como Retarte, creemos firmemente que mantener el foco en el usuario y la conexión profunda con las personas participantes, debe ser el inicio medio y fin del proyecto. Solo con una conexión profunda con los usuarios, se pueden repensar e implementar los cambios que demande el contexto. Asimismo, enfatizamos la importancia del sentir de los grupos, la escucha, la comunicación y empatía; que no están condicionados a la presencialidad. La pandemia nos ha enseñado que aún en un esquema virtual, si las personas estamos conectadas, los proyectos pueden seguir generando impacto.


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